Carlos Greco: “El dinero que debería ir a desarrollo, equipamiento e infraestructura lo destinamos a cubrir los subsidios que los investigadores dejaron de recibir»
OpinionEl rector de la Universidad de San Martín (UNSAM), Carlos Greco, cuenta cómo enfrentan el incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario. Además, destaca el rol de la investigación en la casa de estudios y cómo el conocimiento agrega valor a los recursos naturales.
Nota en elauditor.info
Carlos Greco es contador público egresado de la UBA y, desde noviembre de 2017, se desempeña como rector de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), hace exactamente nueve años. Su última reelección contempla un mandato entre 2026 y 2030.
En el marco del ciclo «Universidades nacionales», de El Auditor.info, Greco analizó la urgencia de actualizar el presupuesto universitario y puso el foco en el rol dinamizador de los investigadores.
– ¿Cómo se financiaba históricamente la ciencia y la técnica en las universidades?
Por dos vías. Una era indirecta: a través de los fondos concursables de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, que financiaban a investigadores universitarios para realizar investigación básica y aplicada. Después, se sumaron fondos orientados a áreas estratégicas. La vía directa estaba en el presupuesto universitario: la planilla del artículo 12 distribuía fondos por función (salud, docencia y ciencia y técnica). Además, había fondos programáticos y una línea específica para ciencia y técnica, que crecieron durante años y se distribuían con criterios propuestos por el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN). Era una política pública sobre el rol de las universidades en el desarrollo científico.
– ¿Cuál es la situación hoy?
Todos esos dispositivos, directos e indirectos, están desfinanciados. Existe una ley de financiamiento de la ciencia y la técnica que preveía fondos crecientes hasta llegar al 1,5% del PBI. Hoy estamos en torno al 0,14% y debería ser de al menos el 0,5%. Lo único que el Gobierno ejecuta como política científica son los salarios de los investigadores de planta, que no puede dejar de pagar. Pero el acceso a nuevos cargos de carrera está muy restringido.
– ¿Cuál es la sensación del sector frente al incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario?
Fuimos a la Justicia por dos vías: una medida cautelar que cubre salarios y becas por su carácter alimentario, y un amparo que plantea la inconstitucionalidad del decreto que suspendió la ley, donde entran los otros tres puntos, incluida ciencia y técnica. La cautelar quedó firme, incluso en la Corte, y el plazo para que el Gobierno demuestre su cumplimiento venció hace poco. Hubo una actualización parcial de salarios del 21%, pero queda pendiente otro 35%. El amparo todavía no se resolvió.
– ¿Por qué es tan importante la investigación para la UNSAM?
Es vital, porque para nosotros la formación y la investigación no se pueden separar. Tenemos 60 carreras de grado y 90 de posgrado, entre ellas 21 doctorados, donde profesores investigadores y becarios doctorales generan conocimiento. Todas nuestras disciplinas terminan en doctorado, así que sostener la investigación es imprescindible.
– ¿Cómo se sostienen hoy sin los fondos que establece la ley?
Con recursos propios: convenios, regalías, prestación de servicios y aranceles de posgrado. Ese dinero debería ir a desarrollo, equipamiento e infraestructura, pero lo destinamos a cubrir los subsidios que los investigadores dejaron de recibir. Sin ellos no tienen con qué trabajar. Necesitan reactivos para los trabajos experimentales, insumos para el trabajo de campo y fondos para publicar y traducir. Es una solución de emergencia que se agota, porque sostener la investigación requiere inversión. Hay que regenerar todo el circuito de subsidios, toda la rueda.
– ¿Qué rol cumplen las becas doctorales?
Un estudiante de doctorado tiene que dedicarse de forma exclusiva a su investigación durante cuatro o cinco años. Después puede insertarse en el mundo científico y en el aplicado. Mientras tanto hay que financiarlo, porque no puede sostenerse de otra manera. Hoy ese circuito está quebrado y hay que poder regenerarlo.
– ¿Cómo considera que ve la sociedad a la universidad pública?
Mi percepción es muy positiva y los hechos lo confirman. Cuando la universidad salió a la calle, la sociedad respondió con un apoyo que nos sorprendió y que fue más allá de profesores, estudiantes y personal administrativo. Para mí no es solo apoyo vocacional, sino el reclamo por un derecho. La sociedad argentina entiende que la educación es un derecho y una responsabilidad del Estado. En el caso de la educación superior, además, se reconoce como un bien público preferente: genera beneficios individuales y también sociales.
– ¿Es solo un mecanismo de movilidad social?
No solo eso. También genera ventajas competitivas y desarrollo de nuevas áreas estratégicas. Si a los recursos naturales no se les agrega valor con conocimiento, se agotan. La mejor forma de que se transformen con efecto multiplicador es agregarles conocimiento, y ese es el rol de las universidades.






