8M: ciencia, trabajo y desigualdad de género
EntrevistasEn el marco del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, nos acompañaron en C5N Ana Franchi, ex presidenta del CONICET y presidenta de la Red Argentina de Género, Ciencia y Tecnología, y la paleontóloga y comunicadora científica Julia D’Angelo para analizar las desigualdades de género en el mundo del trabajo y de la ciencia, a partir de datos de la Organización Internacional del Trabajo. Columna de Sole Gori.
En el Día de la Mujer Trabajadora se vuelve a discutir el rol de las mujeres en la ciencia y la tecnología. ¿Qué muestran hoy las estadísticas?
Las estadísticas muestran algo bastante claro: las mujeres se forman mucho, estudian más y alcanzan niveles educativos incluso más altos que los varones, pero eso no se traduce necesariamente en igualdad dentro del mundo laboral. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo, las mujeres siguen concentradas en empleos más precarios, peor remunerados y más vulnerables. En contextos de crisis, además, esa desigualdad se profundiza. En Argentina, datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos muestran que, aunque las mujeres alcanzan mayores niveles de formación, eso no garantiza una participación equivalente en el mercado laboral ni igualdad salarial.
¿Por qué, si las mujeres estudian tanto o más que los varones, siguen siendo minoría en los puestos de poder?
Una de las explicaciones es lo que se conoce como “techo de cristal”. Se trata de barreras invisibles que dificultan que las mujeres lleguen a los cargos de mayor jerarquía o toma de decisiones. Estas barreras tienen mucho que ver con la distribución desigual de las tareas de cuidado y la maternidad. En muchos momentos de la carrera laboral o académica, las mujeres deben reducir su dedicación o interrumpir su trayectoria para asumir esas responsabilidades, algo que todavía no se distribuye de manera equitativa.
¿Qué rol tienen las tareas de cuidado en esa desigualdad?
Las tareas de cuidado pesan mucho en la trayectoria laboral. Por ejemplo, las licencias de paternidad siguen siendo muy breves, lo que refuerza la idea de que el cuidado recae principalmente en las mujeres. Esto impacta en el desarrollo profesional porque muchas veces son ellas quienes deben reorganizar su carrera o su tiempo de trabajo para asumir esas responsabilidades. A largo plazo, también se refleja en cuestiones como el acceso a la jubilación, ya que muchas mujeres tienen trayectorias laborales más discontinuas o con menos aportes.
¿Estas desigualdades empiezan recién en el mundo laboral o se construyen desde antes?
En realidad comienzan mucho antes, incluso en la infancia. Estudios muestran que entre los cuatro y los seis años muchas niñas empiezan a internalizar estereotipos sobre la inteligencia o la “brillantez”. A los cuatro años suelen pensar que pueden ser buenas en matemáticas o ciencias, pero hacia los seis años muchas ya creen que ese talento pertenece más a los varones. Estos estereotipos culturales influyen luego en las elecciones educativas y profesionales.










