Paula Salerno: “Prestar atención a lo que se dijo y lo que no puede ayudar a pensar políticas de reparación histórica”
EntrevistasLa investigadora del Laboratorio de Investigación en Ciencias Humanas (LICH-UNSAM/CONICET) publicó Mujeres en guerra. Discursos y memorias sobre Malvinas, un libro que recupera las historias de más de 200 mujeres que participaron del conflicto de 1982 y analiza cómo los discursos construyeron —y también ocultaron— sus memorias.
¿Cómo surgió la investigación sobre las mujeres en la guerra de Malvinas?
Todo comenzó a partir de un cambio en mi objeto de estudio. Venía investigando los discursos oficiales sobre Malvinas, pero me interesó escuchar otras voces menos visibles. En ese contexto aparecieron públicamente mujeres que se presentaban como veteranas de guerra y reclamaban reconocimiento. Esa irrupción despertó una pregunta que terminó convirtiéndose en una investigación de más de seis años y, finalmente, en este libro.
¿Qué fue lo primero que encontró al comenzar la investigación?
Me llamó la atención que había muy poca información confiable. En muchas publicaciones se hablaba de 14 o 16 mujeres, pero, después de un largo trabajo de reconstrucción, pude identificar a más de 200. Eran enfermeras, radiotelegrafistas, operadoras de radio, personal de inteligencia y otras trabajadoras que participaron tanto en las islas como en el continente y en distintas fuerzas armadas.
¿Por qué cree que esas historias permanecieron invisibilizadas durante tanto tiempo?
Porque existe una lógica discursiva que muestra y oculta al mismo tiempo. Las mujeres aparecían en algunas noticias, pero con errores, omisiones o información incompleta. Además, durante muchos años hubo condiciones sociales que hicieron muy difícil que sus testimonios fueran escuchados. No es casual que muchas empezaran a hablar recién más de tres décadas después de la guerra.
En el libro habla de una «retórica del asombro». ¿Qué significa?
Es la idea de sorprenderse simplemente porque hubo mujeres en Malvinas, cuando en realidad lo importante es preguntarse por qué no conocíamos esas historias. Ese asombro también forma parte de un discurso que borra las trayectorias de las mujeres en la historia y las presenta como una excepción, cuando participaron de conflictos bélicos en distintos momentos y lugares.
También analiza cómo fueron representados sus cuerpos. ¿Qué encontró?
Muchas veces los relatos hacen foco en cuestiones como el pelo corto, los uniformes masculinos o el maquillaje, en lugar de hablar de las tareas que desempeñaron. Son formas de construir una imagen feminizada que termina desplazando el centro de la experiencia de guerra.
Otro concepto importante en su investigación es el de los silencios. ¿Qué representan?
Hay distintos tipos de silencios. Están los que surgen del trauma, cuando relatan experiencias muy dolorosas; los silencios impuestos por quienes les negaban el derecho a hablar porque no las consideraban veteranas; y también los silencios sociales, vinculados a la falta de escucha. Analizar lo que no se dijo también permite comprender cómo se construye la memoria.
¿Qué importancia tiene el reconocimiento legal como veteranas de guerra?
Es fundamental porque no solo implica una reparación simbólica, sino también derechos concretos, como el acceso a pensiones vitalicias. Lo interesante es que incluso en algunas resoluciones judiciales que las reconocen como veteranas todavía cuesta nombrarlas en femenino. Esa resistencia también forma parte de los discursos que analizo.
¿Cuál considera que es el principal aporte del libro?
Por un lado, reconstruye información que estaba dispersa y permite conocer quiénes fueron estas mujeres y qué tareas desempeñaron. Pero también muestra que los discursos tienen consecuencias concretas: la forma en que nombramos —o dejamos de nombrar— a las personas puede influir en el reconocimiento de sus derechos. Prestar atención a lo que se dijo y también a lo que no se dijo puede ayudar a pensar políticas de reparación histórica.










