MALVINAS EN LA UNIVERSIDAD
Libros SíUn libro editado por la UNAJ. Coordinado por Mirta Amati va en la búsqueda de representaciones, experiencias y memorias de lo que dejó la guerra.
Por Mirta Amati
Este libro compendia un conjunto de trabajos sobre Malvinas que desarrollamos como docentes-investigadores de la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ). Incluye algunos resultados de proyectos de investigación del campo de las ciencias sociales y humanas (la historia, la antropología, la comunicación, la cultura, la literatura, el cine), pero también comprende algunas propuestas educativas y de vinculación que realizamos sobre Malvinas en estos casi diez años de historia de nuestra universidad. De este modo, presentamos una selección de trabajos que permiten comunicar algunas miradas y acciones que van configurando un particular modo de investigar e intervenir en la cuestión Malvinas: aquel que desarrollamos desde nuestra institución.
Hay cuestiones que son comunes al campo universitario (modos de definir un objeto de estudio, de desarrollar una metodología de abordaje, de comunicar los resultados), otras son particulares, ya que las desarrollamos a partir de los objetivos que la UNAJ se propone desde su misión institucional y que implementamos para enseñar a nuestros y nuestras estudiantes o para desarrollar con grupos como son las asociaciones de soldados y excombatientes. De un modo u otro, porque es lo que investigamos y enseñamos o porque realizamos acciones de vinculación, Malvinas como cuestión nacional y local está presente y es problematizada. Malvinas es un territorio austral, pero también un espacio historizado y un lugar de memorias. Aunque queda alejado de la Capital Federal y de las localidades donde cotidianamente vivimos está cercano a nuestros sentimientos y es central en las identificaciones nacionales.
En la memoria colectiva, Malvinas es sobre todo la guerra de 1982, pero ya era, en el imaginario social, “la hermanita perdida” como Atahualpa Yupanqui (1982, pista 1) la llamó en la milonga de 1980, aunque el cancionero malvinero es muy anterior y más extenso. La memoria de Malvinas fue fundamentalmente la del conflicto bélico, construida a través de producciones mediáticas, literarias y escolares, realizadas luego de la contienda, la mayoría de ellas producidas por testigos directos, especialistas en la temática, periodistas, ensayistas y políticos.
También muchos docentes realizaron actos conmemorativos tanto en escuelas como en espacios públicos, ceremonias donde participaron autoridades estatales, asociaciones civiles de exsoldados, las familias de los estudiantes y vecinos. En ese trabajo sobre las memorias no estuvo ausente el campo académico, tanto a través de proyectos de investigación como de la producción de libros de historia, literatura de ficción, manuales escolares, atlas pedagógicos, documentales, películas, etcétera. Malvinas fue y es un espacio de memoria. En cada escuela, cada plaza local, los 2 de abril se rememora a los caídos y se renueva el reclamo por la soberanía. Sin embargo, hubo períodos de olvidos, como el de desmalvinización que siguió a la guerra y que también fue dominante en la etapa neoliberal. Y hubo períodos de memorias fuertes, en los que se reactivaron los recuerdos y las conmemoraciones junto con una política de defensa soberana. ¿Por qué hoy sigue siendo un tema vigente y de interés tanto académico como público? Se trata de un reclamo todavía pendiente, una acción convocante en nuestro presente histórico que nos interpela y nos une más allá de las diferencias ideológicas, culturales, económicas, de género, etc.
En nuestro caso, nos convoca a partir de una doble membresía: como docentes-investigadores, ya que es una temática abordada por distintas disciplinas, pero también como ciudadanos argentinos y ciudadanas argentinas. Más allá de nuestra formación y de nuestro trabajo en la Universidad, muchos y muchas de los autores y autoras de este libro éramos niños, niñas y adolescentes durante el conflicto bélico, por lo cual nuestras propias identidades y memorias personales están presentes a la hora de investigar o enseñar estos temas.
Malvinas nos conecta con nuestros recuerdos personales, los de nuestra generación: ¿dónde estábamos en 1982?, ¿conversábamos, discutíamos sobre el tema?, ¿había distintas posturas en relación a la guerra?, ¿con cuáles estábamos de acuerdo y con cuáles no?, ¿escuchábamos la radio, mirábamos Argentina Televisora Color (ATC), leíamos los periódicos?, ¿algún vecino o familiar fue a la guerra?, ¿alguien se presentó como voluntario o voluntaria sin ser convocado o convocada?, ¿escribimos cartas a los soldados? Sin embargo, esas experiencias particulares no se agotan en sí mismas: otros grupos y personas tuvieron otras experiencias de la guerra, incluso contrapuestas. Es necesario no quedarse con el propio recuerdo o el testimonio personal para acceder a la multiplicidad de memorias, para distinguir las pertenecientes a distintos actores sociales: no es lo mismo haber sido exsoldado, enfermera o militar en la contienda, que periodista, reportero gráfico o reportera gráfica, historiador o historiadora, docente, habitante de Malvinas o de Río Gallegos (Santa Cruz).
Las experiencias son múltiples, pero no infinitas. En esta publicación no podremos agotar todas, pero queremos realizar un aporte desde el particular lugar en que enseñamos, investigamos y nos vinculamos con grupos e instituciones que promueven las memorias de Malvinas, el de nuestra universidad. Precisamente quien le da su nombre, Arturo Jauretche hablaba de “la orilla de la ciencia” (citado en Ford, 1987: p. 11), un espacio que rescata y valora los “elementos no registrados” (no tenidos en cuenta ni científica, ni social, ni cultural, ni nacional, ni histórica-mente), y justamente por eso se trata de datos y memorias que suelen perderse con la desaparición de los contemporáneos.
Es decir: no pasan a la historia, pero actúan en el presente. Hay muchas orillas, lugares marginales alejados de los centros, poco valorados e incluso desvalorizados. No solo Malvinas es un espacio que está en la orilla de la ciencia; el territorio en que se emplaza la UNAJ, Florencio Varela, y la propia Universidad que es “del conurbano”, también pertenecen a los márgenes. Si bien la orilla como línea de división supone diferencias, límites y fronteras; también incluye la posibilidad de la mezcla, de realizar alianzas estratégicas entre aquellos que estamos en diferentes “orillas”: en la investigación y en la universidad, pero también fuera de ella, en las asociaciones civiles, los barrios, las plazas, las escuelas…
Malvinas es eso que hacemos desde nuestros lugares, desde nuestras orillas para seguir recordando el pasado y también para proponer y reclamar en el presente qué necesitamos pensar y hacer de Malvinas. No es solo un tema de los investigadores y las investigadoras que indagan “problemas analíticos”, sino que Malvinas consiste en una serie de “problemas o movimientos históricos que todavía no se resolvieron” (Williams, 1980: p. 21). Queremos decir: la historia no es algo que pasó o algo que nos pasa (como si fuésemos sujetos pasivos), la historia es algo que “hacemos” (como actores sociales), por supuesto, en ciertas condiciones que “nos pasan”, que no elegimos, que ya están dadas cuando realizamos nuestras acciones (educativas, culturales, conmemorativas, académicas). Malvinas no es solo la historia que pasó, es la historia que estamos haciendo en el presente. Este libro es parte de esa historia.





